David, Betsabé y el peligro de una mirada digital

En 2 Samuel 11 leemos cómo el rey David, en lugar de estar donde debía —al frente de la batalla— se quedó en casa. Desde la azotea de su palacio, vio a Betsabé bañándose.
Aquella mirada ociosa se convirtió en deseo, luego en adulterio, y finalmente en un pecado aún mayor: asesinato para encubrir su caída.
Hoy, muchos cristianos viven una versión moderna de esta historia. Las redes sociales y el internet se han convertido en una azotea digital desde la cual podemos mirar lo que no deberíamos ver.
Un clic o un “scroll” pueden abrir la puerta a la tentación: imágenes, conversaciones y contenidos que alimentan la carne y debilitan el espíritu.
David tenía que estar en la batalla, no ocioso.
Tú y yo también tenemos una batalla: huir de la tentación y llenar nuestros ojos con lo que edifica.
Jesús dijo:
"Por lo tanto, si tu ojo —incluso tu ojo bueno— te hace caer en pasiones sexuales, sácatelo y tíralo. Es preferible que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno" — Mateo 5:29 (NTV)
Hoy podríamos parafrasearlo:
“Si tu red social o tu pantalla te es ocasión de caer, apágala, ciérrala, elimínala.”
No seas como David esa noche: sin propósito, sin vigilancia. Mantén tus ojos y tus dedos lejos de la azotea digital. Usa la red para bendición, no para destrucción.
Recuerda siempre este versículo:
“No pondré cosa indigna delante de mis ojos; aborrezco la obra de los que se desvían; no se aferrará a mí" — Salmo 101:3 (LBLA)